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Salud

Semana de la Lactancia Materna: La tiranía de la balanza

Algunos profesionales promueven una sobrevaloración de lo que se puede cuantificar y olvidan que el peso en las primeras etapas de la vida es un dato más (y no el único) para interpretar bienestar.

Semana de la Lactancia Materna: La tiranía de la balanza

Semana de la Lactancia Materna: La tiranía de la balanza

Desde 1992, la OMS impulsa, en el mes de agosto, la Semana Mundial de la Lactancia para desplegar acciones que colaboren con revertir el deterioro de esta práctica. Esta conmemoración representa una paradoja: las sociedades científicas reservan fecha para concientizaciones, pero no la utilizan para señalar los obstáculos que ellas mismas gestan y reproducen.

El Sistema Médico no es el único procesado en la causa de la Lactancia amenazada. Un armado más complejo, llamado Patriarcado, es el ideólogo de la teta coartada, reservada para cosificaciones sexualizadas. Pero como Patriarcado y Sistema Médico Hegemónico van en yunta y -como fue dicho- el último reserva agosto para afianzar los beneficios de la lactancia materna, conviene intentar desentrañar su contradicción constitutiva: asegura promover el amamantamiento, cuando (en realidad) lo entorpece cuanto sea posible.

Como primera medida, cabe preguntarse si los profesionales de la salud reciben formación en Lactancia. La respuesta no es alentadora: las facultades de medicina de distintas universidades del país (semillero de futuros pediatras y obstetras), no cuentan con materias sobre lactancia en sus ejes académicos.

La leche de madre, alimento humano por excelencia, asoma con timidez en materias como nutrición o pediatría y, en general, para ser comparada con las llamadas “leches maternizadas”. Es posible que un graduado de medicina sepa que “dar la teta” es bueno, pueda enunciar una lista de enfermedades donde la lactancia actúa de factor protector y que hasta ahí llegue el amor. Luego de recibidos, estos profesionales con escasa formación en lactancia, se insertan en un escenario laboral representado por el sistema de salud saturado, que destina 15-20  minutos a la consulta pediátrica.

Si se trata de un profesional que, por ejercicio propio, juntó millas para aportar a las lactancias, estas micro-consultas imponen el tope de realidad y no permiten ni arrancar con titulares. De esta forma, los médicos que trabajan con personas en etapa de lactancia, se inclinan hacia la rapidez que propone el universo de lo medible y cuantificable. Mejor prescribir mililitros de fórmula, que descifrar cuánto entró de leche humana, hablar de posiciones, o de estrategias para mejorar las tomas de teta.

Impresiona exagerado, pero la balanza de los consultorios es un instrumento de tortura materna. Con el protagonismo de la báscula del mal, se practica una violencia invisible. La centralidad del peso del bebé genera más tensiones que una de Hitchcock y menoscaba la confianza materna, combustible necesario para llevar adelante una práctica tan trabajosa como la lactancia.

Así vemos que la tortura de la balanza no tiene como blanco exclusivo a adolescentes y adultas, sino a bebés. Esta tiranía no es sólo horrenda sino cambiante: de chiquitos nos pretende gorditos y más tarde, nos manda a tallar small.

La literatura pediátrica / neonatológica establece puntos de corte en cuanto a las progresiones de peso, para generar acuerdos y discriminar qué situaciones se escapan de la normalidad en las primeras etapas de la vida. Pero la normalidad es un espectro amplio y colorido que hay que poder interpretar en un mapa integral. Algunos profesionales acatan la norma con una rigidez propia de quien no puede ponderar la salud, más allá de lo medible. Promueven una sobrevaloración de lo que se puede cuantificar y olvidan que el peso, es un dato más (y no el único) para interpretar bienestar. Entonces, los gramos se convierten en reyes, que destituyen el estado general, la calma, la succión vigorosa, la conexión, las señales de hidratación, el tránsito intestinal y otros datos semiológicos como pruebas de salud.

Lo que no se cuantifica, lo que aloja incertidumbre, molesta. Y si ese fenómeno tiene los cuerpos de las mujeres y niños como escenario, molesta más aún. Controlada por relojes y balanzas, la lactancia es interferida (más que acompañada y sostenida) por las sociedades científicas (conducidas mayoritariamente por hombres). En esta circunstancia, nos toca recuperar la balanza, retomar su icónico significado de Justicia y alejarla de la culpa, la opresión y la degradación de la autoestima materna.

Evangelina Cueto, Pediatra especialista en Adolescencia, Consultora en Niñez y Salud Integral maternidad y crianza en clave de derechos

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